Así era la vida de Gabriela Romero Cabarcas, víctima de feminicidio en Atlántico

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El 4 de agosto de 1999 Luz Divina Cabarcas se convirtió por primera vez en madre a sus 22 años. Nacía Gabriela, una pequeña que, como pocas, estuvo diez meses en el vientre por un error de cálculos. Desde que nació, su mamá se la guerreó trabajando para que a ella, y después a su hermano Gianfranco, no le faltara lo fundamental. Peleó por subsistir con la misma intensidad que hoy pide justicia por el delito de “Gaby”, hallada sin vida el 15 de diciembre en una trocha de Malambo (Atlántico), luego de estar desaparecida tres semanas.

Gabriela con 18 años, era la más grande de dos hermanos y se deleitaba con las galletas oreos y los chocolates. Se graduó el año pasado de bachiller en el instituto Francisco José de Caldas y, aunque había ingresado a estudiar gestión empresarial en el Sena, su idea era inscribirse en la carrera de diseño gráfico en una universidad. No había duda de que su alegría era pintar y colorear.

Los pinceles de la joven terminaban en los vasos de la vivienda de los Romero Cabarcas y en el piso siempre quedaba un rastro de pintura. En sus momentos libres, la estudiante hacía carteleras que vendía entre sus vecinos. Si vendía una en $10 mil, le regalaba $2 mil a su madre o un helado. Luz Divina le enseñó desde pequeña que “al hijo que apoya a su padre y madre siempre le llueven bendiciones”. A lo mejor por eso, piensa que a su hija le llamó la atención la oferta de trabajo que le propuso Levith Rúa Rodríguez. El expolicía, condenado en el 2011 a 14 años de cárcel por violar a una mujer en El Paso (Cesar) y sindicado por la Fiscalía de ser un violador serial, le prometió un puesto como niñera en una finca de Malambo. Y la citó en un centro comercial, donde fue vista por última vez el 24 de noviembre por una cámara de vigilancia.

“Gabriela creía que con ese trabajo me podía ayudar económicamente”, dijo a el diario El Espectador su madre, quien desde hace 18 meses renunció a su trabajo como auxiliar de droguería. Tiene una afección médico en la garganta y cuando habla bastante se queda sin voz. Luz Divina dice que Gabriela era su mejor amiga. Le contaba todo y, en medio de su profundo dolor, únicamente se ríe cuando recuerda la cita con la que le respondía cuando le decía que se sentía gorda: “Ay mami, supéralo”.

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“Ella decía las cosas de frente y no se quedaba con lo que no le gustaba”, asegura Luz Divina. Por eso, tiene la plena seguridad de que Gabriela peleó con su agresor y defendió su integridad. “Hay algo que Levith no le pudo quitar a Gabriela: la mamá. Ella nunca le alcanzó a hablar de mí, porque donde le hubiese dicho que yo era una guerrera, él lo hubiese pensado dos veces. Estoy en mi lucha. Este crimen, que es un feminicidio y no un homicidio, no se va a quedar impune”, sostuvo la mujer al medio de noticias El Espectador.

En una rueda de prensa, la directora de Fiscalía en Atlántico, Ángela Bedoya, afirmó que, por este caso, se le imputaría a Levith Rúa los delitos de desaparición forzada y homicidio agravado. No obstante, organizaciones de mujeres aseguran que es un error, y que hay que tipificar el delito como un feminicidio, que agrava la pena. El feminicidio lo creó la ley Rosa Elvira Cely y es matar a una mujer por el hecho de ser mujer, es decir por considerarla inferior.

Luz Divina hace sus reparos desde la casa donde Gabriela vivía con su hermano y su papá en el barrio Vista Hermosa, en Soledad (Atlántico).Estos días los pasa ahí, pero desde hace un año y medio vive en el barrio Alfonso López, en Barranquilla, porque se separó de su esposo. A las 5pm se afana para darle de comer a la cotorra al que Gabriela llamó “Reina Carolina”, como el personaje de la telenovela “Chepe fortuna”. Si no lo hace, el animal empieza a repetir el nombre de su hija.

La estudiante del Sena sonreía a carcajadas y se burlaba con cariño de la popularidad de su madre, a quien llamaba “Elsa Noguera”, como la exalcaldesa de Barranquilla, cuando caminaba por el barrio y se quedaba en cada esquina saludando a las vecinas. Las mismas que esta semana salieron a protestar con ella frente a la sede de la Fiscalía para pedir celeridad en la judicialización de Rúa, quien admitió ante un defensor público que mató a Gabriela.

Luz Divina se está quedando hoy sin voz. Ha gritado lo suficiente en plantones y ha hablado con todas las visitas que han llegado a darle el pésame. Dice que tiene un angelito en el cielo al que le prestaron por 18 años y tiene la certeza que desde ahí la están cuidando.

Con información de elespectador.com

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