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“¡Ay mis hijos, ay mis hijos!”. ‘La llorona’, el espanto que aterroriza las calles en búsqueda de sus pequeños

La llorona es uno de los mitos urbanos más terroríficos que existen desde tiempos inmemorables. Por esta razón te contamos cómo sucedió esta trágica historia.

Cuenta la leyenda que aproximadamente a inicios del siglo XVII, una mujer muy hermosa de rasgos indígenas, se enamoró desenfrenadamente de un guapo y gallardo caballero español. El hombre también quedó flechado por la belleza de la joven y sin pensarlo dos veces le pidió que se casara con él.

Después del matrimonio, la joven se quedaba en casa por largos períodos, casi completamente sola, ya que su esposo era diplomático y debía asistir a sus reuniones sólo.

A pesar de todo, en el tiempo en donde no tenía que asistir a ninguna reunión de trabajo, el hombre disfrutaba de la compañía de su mujer.

El tiempo fue pasando y luego de casi 10 años, la pareja ya contaba con tres hermosos niños. Pese a que el matrimonio era muy feliz al lado de sus hijos, había algo que perturbaba a aquella mujer y era el hecho de que sus suegros nunca la aceptaron por no pertenecer a la misma clase social de aquél caballero español.

En aquella época en la sociedad Novo española, existía un sistema de castas en el que era mal visto que dos personas pertenecientes a diferentes razas formarán una familia.

Esto provocó que poco a poco en su interior se fuera llenando de celos. No obstante, lo que terminó con dañar la relación fue que una de sus vecinas le comentó que su esposo estaba planeando dejarla a ella junto con sus hijos para casarse con una mujer de la alta alcurnia.

Ella cegada por el odio y la venganza, sin pensarlo dos veces, sacó a sus tres niños de la cama y dejando su casa, se fue corriendo a la orilla del río. Estando allí, tomó al más pequeño de los infantes en sus brazos y lo sumergió en el agua hasta que el pequeño cuerpecito dejó de moverse.

Posteriormente hizo lo mismo con sus otros dos hijos. Inmediatamente después de haberlos ahogado, su mente recobró la lucidez perdida y comprendió impotente las consecuencias de los actos que había llevado a cabo.

Literalmente se puso a gritar como una loca y el llanto no paró de salir de sus ojos. Se puso de pie y acto seguido se puso a buscar a sus hijos como si éstos se hubieran extraviado y no acabado muertos como en realidad pasó. “Ay mis hijos, mis hijos”, gritaba alocadamente la mujer.

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Otra de las versiones de esta leyenda, señala que esta dama se suicidó luego de ahogar a sus pequeños tirándose al río. Días después, el cuerpo fue descubierto por un pescador, quien rápidamente se puso a buscar a los familiares de la occisa.

Al no encontrar a nadie, el hombre decidió darle cristiana sepultura. A pesar de esto, el alma de la Llorona abandonó la rústica tumba al tercer día y de ahí en adelante toda la gente del pueblo empezó a escuchar los fuertes gritos de la mujer que jamás encontrará el descanso eterno.

Testimonio

Javier Orozco un hombre que actualmente cuenta con 32 años y que vive en Santa Marta cuenta que en sus épocas de estudiante de Derecho en Barranquilla, en la esquina del apartamento donde vivía existía una casa abandonada. “Eran casi las 2:00 am cuando venía de regreso a mi casa ubicada en frente de la Universidad Simón Bolívar en Barranquilla, calle 59 con carrera 54. Pasé por la casa antes mencionada cuando de repente mira hacia el interior de ella y vi el reflejo de una mujer despelucada y con tez de una señora de edad. Giré la cabeza para sacudirme de lo que había visto, cuando de repente di unos pasos y escuché el lamento de la llorona, decía: ¡Ay mis hijoooos, mis hijos!.

Me asusté tanto que corrí y corrí en dirección hasta mi apartamento ubicado en piso 5 del edificio 11 de Noviembre y subí hasta allí corriendo por las escaleras. Me asomé por una de las ventanas y era ella mirándome desde la lejanía fijamente a mis ojos como preguntándome si yo sabía donde estaban su hijos. Fui hasta el cuarto de mi mamá y le conté lo que me había pasado. Ella quien es bastante religiosa me pidió que rezamos un rosario. Lo hicimos y volví a asomarme a la ventana luego de regresar a mi cuarto y ya no estaba, fue una sensación que no quiero deseársela a nadie”.

Hola querido amigo!

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