Cuando el hombre ve quién se sienta al lado en el avión siente asco. 2 horas después se odia por ello.

Un hombre sube a un avión y toma el asiento junto a la ventana. Es un vuelo normal de Tokyo a Hong Kong. Pero entonces una mujer se sienta a su lado y su peor pesadilla se convierte en realidad.

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“Hola, ¿qué tal?” La mujer me sonrió mientras tomaba asiento a mi lado. Tuvo que bajar despacio para poder meter con cuidado su gran trasero en el asiento, llenando con su cuerpo todo el espacio disponible.

Poniéndose cómoda, apoyó su enorme brazo en nuestro reposabrazos común. Su cuerpo inmenso llenaba el espacio a nuestro alrededor, haciendo que yo me volviera diminuto en mi asiento.

Enfurruñado, me volví hacia la ventana.

La mujer se inclinó hacia mí y repitió su saludo en un tono alegre y amigable. Tenía la cara girada hacia mí, por lo que me veía obligada a mirarla a la cara. “Hola”- respondí con obvio desprecio.

Me volví para mirar por la ventana, mientras en silencio me mataba la idea de tener que pasar tantas horas incómodo por este monstruo sentado a mi lado.

Me tocó con su carnosa mano y me dijo: “Me llamo Laura. Soy de Gran Bretaña. ¿Y usted? ¿De Japón?”

“Malasia”- ladré.

“Lo siento mucho! Por favor, acepte mis condolencias. Vamos, deme la mano. Si vamos a pasar 6 horas sentados en este vuelo, será mejor que nos llevemos bien, ¿no cree?”. La palma de su gran mano apareció en mi campo de visión. Le di la mano sin ganas, aún en silencio.

Laura empezó a hablar, sin percatarse de mi poco amigable reacción. Hablaba con ilusión sobre su viaje a Hong Kong para ver a sus amigos. Empezó a hacer una lista de las cosas que iba a comprar a los alumnos de la escuela donde enseñaba.

A las preguntas que me hizo sobre mí, respondí con monosílabos. Indiferente a mi frialdad, asentía mientras hacía comentarios agradables sobre mis respuestas. Tenía una voz tranquila y cariñosa. Fue muy considerada cuando nos trajeron comida y bebidas, asegurándose de que tenía espacio suficiente en mi asiento. “¡No quiero molestarle con mi tamaño de elefante!- exclamó con tremenda sinceridad.

Para mi sorpresa, la cara que me había parecido repulsiva hace horas, pasó a parecerme sonriente, alegre y tranquila al mismo tiempo. No pude evitar bajar la guardia poco a poco.

Laura era una conversadora muy interesante. Era ávida lectora y tenía conocimientos de muchas áreas, desde filosofía hasta ciencias. Convertía temas aparentemente sin importancia en cosas que descubrir y comprender. Sus comentarios eran divertidos e inspiradores. Cuando pasamos a hablar de otras culturas, me sorprendió gratamente por sus inteligentes comentarios y análisis.

A lo largo de nuestra conversación, Laura logró que cada miembro de la tripulación que nos sirvió se marchara riéndose de sus bromas.

Mientras una azafata se llevaba nuestras bandejas, Laura gastó varias bromas acerca de su peso.  La azafata, muerta de risa, la agarró de la mano y afirmó: “¡Me has alegrado el día!”

Durante los siguientes 5 minutos, Laura escuchó atenta y dio consejos a la azafata sobre sus problemas de peso. Antes de marcharse, la azafata le dijo: “Tengo que seguir trabajando. Luego vuelvo para seguir hablando del tema”.

Entonces le pregunté a Laura si alguna vez pensó en perder algo de peso.

“No, me ha costado lo mío llegar donde estoy. ¿Por qué renunciar a ello?”

“¿No estás preocupada por las enfermedades cardiovasculares causadas por el sobrepeso?”

“En absoluto. Solo enfermas si te preocupas por tu peso todo el tiempo. ¡Y todos esos anuncios de los centros de adelgazamiento que dicen “libérate de tu equipaje extra para poder ser tú mismo” son mentira! Tan solo te sentirás liberado cuando estés cómodo contigo mismo y cuando te guste tu aspecto en cualquier momento del día y del año! ¿Por qué iba a desperdiciar mi tiempo intentando adelgazar si tengo tantas otras cosas importantes que hacer y tanta gente que conocer? Yo como saludable y camino con frecuencia: estoy así porque nací con esta talla. La vida es algo más que preocuparse por el peso día y noche.”

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Entonces le dio un sorbo a su vino. “Además, ¡Dios me da tanta felicidad que necesito un cuerpo grande para guardarla toda! ¿Por qué iba a perder mi felicidad a cambio de perder peso? Impresionado por su razonamiento, me reí.

” La gente suele verme como una señora gorda con grandes pechos, muslos y trasero sobre los que ningún hombre posaría sus ojos. Me ven como una haragana. Piensan que soy una vaga sin fuerza de voluntad. Pero están equivocados”. Alzando su vaso hacia una azafata, le pidió sonriente: “Por favor, tráigame un poco más de este magnífico vino”. “Genial servicio el vuestro, que Dios os bendiga a todos”.

Entonces, volviéndose hacia mí, me confesó: “En realidad soy una persona delgada por dentro. Tengo tanta energía que la gente no puede seguirme el ritmo. La carne extra que ves es la que me para; de lo contrario, ¡estaría día y noche corriendo detrás de los hombres!”

“¿Y los hombres te persiguen a ti?”- le pregunté en tono jocoso.

“Por supuesto. Estoy felizmente casada, pero aún así, los hombres me proponen matrimonio todo el tiempo”.

“La mayor parte de ellos tienen problemas en sus relaciones y necesitan a alguien en quien confiar. Por alguna razón, les gusta hablar conmigo. Creo que debería haber sido asesora en lugar de profesora!”

Laura hizo una pausa antes de decir, pensativamente: “Es que la relación de hombres y mujeres es tan complicada. Las mujeres adoran a los hombres y los llaman “cariño” hasta que descubren que les han mentido. Entonces se convierten en amargas brujas! Los hombres quieren tanto a las mujeres que las ven como a sus almas gemelas…hasta que ven las facturas de sus tarjetas de crédito y entonces se convierten en demonios con tridentes!”

La fascinante conversación de Laura había convertido el vuelo en entretenido. También me fascinaba la forma en la que la gente se sentía atraída hacia ella. Casi al final del vuelo media tripulación estaba de pie en el pasillo junto a nosotros riéndose con las bromas de Laura.  El resto de pasajeros se unieron al jolgorio. Laura era el centro de atención, y llenaba la cabina con su calidez.

Tras despedirnos en la zona de llegadas del aeropuerto Kai Tak de Hong Kong, la vi dirigiéndose a un adorable grupo de adultos y niños. Se oyeron gritos de alegría mientras el grupo abrazaba y besaba a Laura. Entonces ella se volvió y me guiñó un ojo.

Cuando me di cuenta de lo que había sucedido, me quedé atónito: Laura era la mujer más preciosa que había conocido en mi vida”.

¡Vaya historia! Laura no podía haber descrito la vida de forma más bonita. Y el mensaje que llevan sus palabras es tan importante que todo el mundo ha de conocerlo. ¡Comparte esta historia con todos tus amigos!

Visto en NoLoCreo

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