Desgracia, melancolía y olvido: la deprimente vida que llevan los Samboní un año después del asesinato de la pequeña Yuliana

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Juvencio Samboní, el padre, se gana solamente 12 mil pesos semanales como jornalero. Su madre, con cada dia que pasa se hunde en la depresión. Y Rafael Uribe Noguera ya dijo que no tenía plata para indemnizarlos.

Cuando se enteraron que su hija Yuliana fue despedazada por Rafael Uribe Noguera. A Juvencio Samboní y Anely Muñoz no tuvieron más opción que regresarse para la vereda El Tambo, municipio de Bolívar, el sitio de donde eran antes de venirse a Bogotá, el lugar de donde jamás debieron haber salido.

Sí, quedarse en Bogotá era impensable. El recuerdo de Yuliana los atormentaba en cada rincón de la pequeña casa en donde habitaban el barrio Bosque Calderón, el sitio en donde habitan 80 familias caucanas que como ellos llegaron a la capital detrás de una vida mejor. Hallar trabajo en Bogotá era muy simple para Juvencio. Pero no podían quedarse, el dolor los aplastaba.

El Tambo queda lejos de todo. Para llegar uno se puede demorar 2 días. En el largo camino entre Popayán y Bolívar lo único que hay es la soledad, la carretera destapada, y los grafitis de ELN anunciando que eso es territorio de ellos. Esta es quizás la principal razón por la que los campesinos de El Tambo viven tan mal. La dificultad de vender sus productos es absoluta. Por eso, en los dos jornales que hace por semana, Juvencio se gana 12 mil pesos para sostener a su mujer, su hija Nicole de 4 años y Julián Andrés, un pequeño que nació con el corazón débil debido a que estuvo en el cuerpo de su madre cuando ella recibió la dura noticia. Un sueldo de miseria que no sirve para NADA.

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Afortunadamente las flores moradas que le encantaban a Yuliana cubren los campos del Tambo. Por eso no vale nada ir a llevarle las flores a la tumba de la pequeña. Nicole aún no sabe que su hermana está muerte. A veces, cuando ve una camioneta parecida a la que conducía Rafael Uribe Noguera se llevó a Yuliana, empieza a llorar, a gritarle a Juvencio que por favor vayan a buscar a su hermanita. Después se calma y se pone a jugar con piedritas. A los cuatro años ninguna tristeza perdura.

La que no se ha podido recuperar es Nelly Muñoz, su mamá. Desde ese 4 de diciembre apenas pronuncia palabra. Se ha aislado hasta de Juvencio y Julián Andrés, su pequeño hijo, no la consuela, al contrario, a veces le arrastra recuerdos y le desata el llanto.

Con los días Juvencio recuerda más a su hija. Le reza y la recuerda. Recuerda por ejemplo que la niña le decía que de grande quería trabajar en la Torre Colpatria. Que ese año había izado bandera y que la medallita que le dieron la cuidaba como si fuera de oro macizo. La recuerda disfrazada de princesa en su último Halloween y como la ayudaba a hacer tareas así se doblara de cansancio. Con la negativa de Uribe Noguera a pagar la multa de 1.200 millones de pesos con las que iban a indemnizar a la familia, los Samboní vuelven a sentir el peso de ser víctimas. Ellos necesitan rehacer su vida en otra parte pero ahora son tan pobres que no pueden moverse del Tambo. El único consuelo que tienen es que pueden ir a llevarle flores moradas, todos los días, a Yuliana que descansa en su tumba.

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