El ‘FAIL’ de Robert Kiyosaki en Barranquilla

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Uno de los principios de la ética periodística cita que uno no debe traicionar la verdad y la credibilidad por quedar bien con los intereses publicitarios ni comerciales.

Cito esto porque tuve la oportunidad, como editor general de Lachachara.co, de promover la conferencia que el gurú de las finanzas personales, Robert Kiyosaki, dio este fin de semana en Barranquilla. Incluso recibí boletas que distribuimos entre ustedes, los chachareros que visitan nuestro portal, a través de un concurso interactivo para que asistieran al evento.

Hoy debo hacer honor a la verdad y a la credibilidad que ustedes nos han depositado, para contarles que la conferencia por la que miles de personas en Barranquilla pagaron sumas entre 100 mil y 500 mil pesos, fue un fiasco. Con esa sola palabra es posible concluir la experiencia vivida.

El asistente personal de Kiyosaki, que sí habla español, tuvo que improvisar como traductor, ante las quejas del público.
El asistente personal de Kiyosaki, que sí habla español, tuvo que improvisar como traductor, ante las quejas del público.

Y no se trata de querer darles mi conclusión personal, sino de informar sobre la realidad de decenas de personas que asistieron y se fueron del recinto apenas en el primer tercio del transcurso de la conferencia. Una de esas personas llegó incluso a interrumpir a Kiyosaki y gritar a pecho abierto: “¡Esto es un fraude! ¡Exijo que me devuelvan mi dinero! ¡Y todos deberíamos levantarnos y protestar, Barranquilla no puede permitir esta falta de respeto!”.

He preguntado a varios de los asistentes, para contrastar versiones, y no me he encontrado aún a alguien que pueda darme su total satisfacción. Lo que sucedió es que la agencia Addictive Productions 4U, responsable de la logística del evento, cometió varios errores garrafales desde el inicio. En primer lugar, las boletas tenían impreso un horario equivocado, decía que la conferencia era a las cinco de la tarde y resulta que en realidad era a las ocho. Cerca de mil doscientas personas llegaron al coliseo de la Universidad del Norte y se encontraron que había otro evento, de carácter privado, por lo que tenían que esperar tres horas afuera, de pie en el parqueadero, mientras desocupaban el coliseo y hacían nuevo montaje.  Cuando por fin llegó la hora, las filas de adquisición de boletas chocaban con las de acceso, generando incomodidad en todos los bandos.

Superados esos escollos, sobrevino el peor: Como Robert Kiyosaki no habla nada de español -a duras penas sabe decir “hola”, “muchas gracias”-, habían prometido darle a cada persona un aparato para traducción simultánea. Esos aparatos nunca se entregaron y en cambio había tres pantallas gigantes donde la proyección iba acompañada con una franja de subtítulos que un desesperado traductor escribía a la máxima velocidad que un humano puede tener. Para colmo, Kiyosaki maneja términos financieros y habla muy rápido, así que cuando el traductor se equivocaba en escribir una palabra o traducir una idea, tenía que borrar y corregir sobre la marcha, lo que le dificultaba seguir el hilo del mensaje del conferencista. No sobra mencionar que el tamaño de las letras tampoco ayudaba.

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Todo esto permite comprender porqué pasados unos cuantos minutos ya decenas de personas se habían marchado, cansados por el maltrato y de leer una traducción que a leguas se notaba que no llevaba el ritmo ni la coherencia.

Pero hay un asunto aún más grave que todo lo anterior de la logística. Esas personas que pagaron miles de pesos por asistir a la conferencia de Robert Kiyosaki, lo hicieron porque leyeron uno o todos sus libros. Entusiasmados por los conocimientos leídos, querían recibir nuevas lecciones del gurú, quien sin embargo dedicó dos horas y más del tiempo a promocionar sus libros. “Para saber tal cosa, compren este libro mío; para saber la otra, que es nueva, compren este otro; y si quieren saber más, compren mi nuevo juego ‘Cash Flow’”. Llegó a tal extremo de interés comercial que les dijo a los asistentes que si querían en verdad recibir su conocimiento tenían que pagar un taller de dos días que dará en Bogotá en agosto.

Es decir, me permito traducir con no poca malicia indígena, que no nos hace ricos pero nos mantiene vivos: Kiyosaki vino a Barranquilla y le cobró miles de pesos a los barranquilleros para, en vez de compartirles su conocimiento, dedicarse a describir y ofrecer los mismos libros que ellos ya habían comprado, y además decirles en la cara que esta conferencia no era la verdadera, sino el taller en Bogotá.

Solo me resta informar que de las dos horas y esquirlas de tiempo, el evento consistió en gran parte en ver una parte de un video promocional en el que durante más de media hora Kiyosaki apareció con sus socios, con su esposa y en entrevistas en CNN diciendo cómo ha llegado él a ser rico y cómo aprendió de su mentor a predecir el futuro económico para su beneficio.

Definitivamente hay historias que son inigualables en los libros, y en cambio son un completo fiasco en las películas. Como la que miles de barranquilleros vivimos en la conferencia de Kiyosaki.

Articulo escrito por: Jorge Sarmiento Figueroa

Tomado de lalachachara.org

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