¡En Exclusiva!: Los detalles de la infidelidad, la historia completa de Luis, Adalia y Daniela Murcia.

Facebook Luis Alberto

Siguen estalladas las redes sociales con el episodio viral que inauguró el año: el escándalo de celos callejero, que protagonizaron tres tolimenses, hasta hace dos días anónimos. De la noche a la mañana se han convertido en tendencia en Twitter, parte de las noticias más visitadas de los medios digitales (incluyendo El Chontaduro) y en objeto de burlas, comentarios y consejos de toda índole.

Parece que todos tenemos algo qué decir sobre el escándalo, y hoy, tres días después de que el vídeo se hiciera viral, el nombre de Daniela Murcia, continúa siendo una de las 5 tendencias más importantes en Colombia.

La curiosidad por saber exactamente qué ocurrió en ese bochornoso episodio, cuáles fueron los antecedentes del hecho, ¿efectivamente hay una relación adúltera entre Luis y Daniela? ¿Desde hace cuánto se conocen? ¿Adalia ya estaba consciente de la infidelidad? En caso tal, ¿Por qué la ha soportado?

Estas y otras preguntas, vamos a tratar de resolverlas a través de una reconstrucción de esta historia de amor y odio, que se ha tornado de interés nacional. Las fuentes de información que utilizamos son básicamente las redes sociales, por lo cual tenemos importantes limitaciones y podríamos caer en el terreno de la especulación, sin embargo, vamos a plantear las hipótesis más probables de acuerdo a la información que pudimos recolectar.

Esta es la historia del maravilloso matrimonio de Adalia y Luis

Adalia Briñez y Luis Alberto Díaz son dos tolimenses que contrajeron matrimonio el 13 de Noviembre de 2011, siempre han vivido en Ibagué, ciudad de donde es oriundo Luis, mientras que Adalia, proviene del pequeño municipio de San Luis.

A pesar de que se casaron hace apenas 4 años, su noviazgo fue bastante prolongado, pues se conocen desde que Adalia tenía unos 13 años. Luis, ya un joven cercano a los 20, se enamoró con pasión adolescente, de esta jovencita que apenas salía de la niñez. Iniciaron una relación, que con sus momentos positivos y negativos, logró sobrevivir a través de los años.

Finalmente, después de casi 10 años de relación de noviazgo, Adalia y Luis contrajeron matrimonio, en una bonita ceremonia católica en la ciudad de Ibagué. Los sueños eran muchos, la joven pareja por fin formalizaba su larga relación, y ambos veían sonreír el futuro que les esperaba juntos.

Ambos de familias modestas, pero trabajadoras, fueron labrando su vida, construyendo sus sueño. Adalia comenzó su carrera universitaria de Contaduría, obtener un título profesional siempre había sido su sueño. Luis, mientras tanto, emprendedor por naturaleza, estaba logrando uno de los grandes objetivos de su vida: independizarse económicamente, por esta razón montó su propio taller de mecánica automotriz.

Los negocios iban bien, la vida en pareja era armoniosa. Con el esfuerzo de ambos, el negocio de Luis y el apoyo de Adalia que también es una mujer trabajadora, lograron comprar una camioneta de color rojo (ahora tristemente popular), a la cual le restan solamente dos cuotas del crédito, para que sea completamente propia.

Tan bien iban las cosas en el matrimonio que, tal como se lo habían expresado a varios familiares y amigos, estaban pensando seriamente en comenzar a buscar su primer hijo.

Para completar la idílica situación económica y sentimental del matrimonio, Adalia y Luis decidieron que era el momento de dejar de vivir en una casa en alquiler, conseguir un apartamento propio era uno de sus sueños desde que se casaron. Pero no cualquier apartamento, uno hermoso, bien ubicado, amplio.

En búsqueda de ese sueño, apenas conocieron ese proyecto de apartamentos, ubicado en el sector de Piedra Pintada en Ibagué, se enamoraron de él. No importaba el precio de más de 180 millones, si juntos habían logrado comprar la camioneta, claro que podían tener un lindo apartamento.

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Adalia y Luis visitando el proyecto de apartamentos (Facebook Constructora)

Adalia jamás pensó que ese sueño de tener un apartamento en el cual construir su futuro al lado de su esposo, se convertiría en una horrible pesadilla. En un drama que acabaría con su matrimonio, destruiría su hogar, sus sueños, sus ilusiones. El peor error de Adalia fue haber convencido a su esposo de ir esa tarde de septiembre al apartamento modelo de ese proyecto. Fue el principio del fin.

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La relación prohibida de Luis y Daniela Murcia

Daniela es una joven ibaguereña, juiciosa, trabajadora, bonita. En la constructora siempre se destacó por ser una de las vendedoras más destacadas: ser extrovertida, amable, comprometida, y por qué no decirlo, a veces coqueta con los caballeros, le aseguraron un éxito rotundo en su labor comercial.

Foto: RadioInteractiva.com

Su vida, hasta el primero de enero, no era muy diferente de la de miles de muchachas que quieren salir adelante, que se esfuerzan y trabajan duro. Sin embargo, la tormenta estaba muy cerca de llegar a su vida, ella jamás pudo imaginar las consecuencias de sus actos.

Su labor en la constructora consistía básicamente en atender a las personas que llegaban interesadas en el proyecto, mostrarles el apartamento modelo, hablarles de la financiación, los precios, las ventajas, las comodidades. En otras palabras, su trabajo era convencer a los posibles compradores. Eso fue lo que hizo esa tarde del mes de septiembre que llegó una pareja interesada en comprar un apartamento: Adalia Briñez y Luis Alberto Díaz.

Al principio los atendió como a cualquier otra de las decenas de parejas que se podían acercar un sábado. Con total profesionalismo y seriedad, les hizo un recorrido detallado y les mostró el plan de pagos. Sin embargo, después de un rato, ella comenzó a notar algo extraño: un interés desproporcionado de Luis en ella, cada vez que Adalia iba a otra habitación, miraba para otro lado, Luis la miraba fijamente, la detallaba.

Luis no es un hombre atractivo, pero Daniela de inmediato, también sintió admiración por él: un esposo comprometido, trabajador, exitoso, solvente económicamente. Todo lo que una mujer pudiera desear. Por desgracia con un gran defecto: era casado.

Cuando terminó la visita, el interés de la pareja por comprar el apartamento era evidente. Daniela emocionada, por la posibilidad de concretar una venta más, les entregó todos los folletos, el listado de la documentación necesaria, y claro, su tarjeta. En esa tarjeta estaba su número de celular, su número de whatsapp.

No pasaría mucho tiempo para que Luis comenzara a escribirle a través de Whatsapp a Daniela, al principio para hacerle preguntas aparentemente normales de un cliente, pero después cambió el tono radicalmente: el coqueteo era evidente, los halagos a su belleza, las preguntas incómodas. Daniela no sabía cómo reaccionar, pero ese hombre maduro, serio y trabajador, le parecía demasiado interesante. La pregunta obligada llegó: ¿Daniela por qué no salimos?

Después de meditarlo, Daniela respondió más con el corazón y con el impulso, que con la razón: “Dale, veámonos”.

Ahí comenzó un tórrido romance prohibido, del que aparentemente Adalia estuvo consciente muy rápido, a juzgar por las imágenes de despecho que comenzó a publicar en su cuenta de Facebook.

Sin embargo, para finales de diciembre todo parecía haber sido perdonado, el matrimonio iba de nuevo sobre ruedas, imágenes de amor se publicaron en los perfiles de Facebook de ambos. Esto a pesar de que solo unos días antes, Luis asistió a la fiesta de despedida del año de la constructora donde trabaja Daniela, claro, posiblemente se vieron en dicha reunión.

Luis departiendo en la fiesta de fin de año de la constructora

Por desgracia todo cambiaría el primero de enero, cuando Dalia sorprendió a los amantes en la misma camioneta roja que era tan suya como de Luis. Solo que ahora su silla la ocupaba Daniela, la vendedora de apartamentos.

Visto en: ElChontaduro

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