Este piloto hizo un anuncio a sus pasajeros el 11 de septiembre de 2001. Y les mintió.

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La siguiente historia es un ejemplo maravilloso de la importancia de la solidaridad y la amabilidad en tiempos de crisis. Este hecho está relacionado con los sucesos del 11 de septiembre de 2001, y tal vez te llene los ojos de lágrimas:

“Como muchos de ustedes saben, mi mamá trabaja en Air Canada, ella tomó este mensaje de un colega. Fue escrito por Nazim, un miembro de la tripulación de Delta Airlines:

Habíamos despegado unas 5 horas antes desde Frankfurt y volábamos sobre el Atlántico Norte. Yo me encontraba en un asiento para la tripulación tomando el descanso que tenía programado. De repente, las cortinas se abrieron violentamente y un compañero me pidió que fuera inmediatamente a la cabina del piloto a hablar con el capitán. En cuanto entré en la cabina, noté que toda la tripulación tenía una expresión de asombro en el rostro. El capitán me entregó un mensaje escrito. Lo leí rápidamente y me di cuenta de la gran importancia que tenía. El mensaje venía de Atlanta y estaba dirigido a nuestro vuelo; simplemente decía: “Todas las rutas continentales hacia EE. UU. están cerradas. Aterricen lo antes posible en el aeropuerto más cercano. Reporten su destinación”.

Ahora bien, cuando un despachador te ordena aterrizar inmediatamente sin sugerir ningún aeropuerto en concreto, uno puede asumir que este se ha visto obligado a ceder el control del vuelo al capitán. Sabíamos que se trataba de un asunto muy grave y que necesitábamos alcanzar tierra firma rápidamente. De inmediato se tomó la decisión de dirigirnos al aeropuerto más cercano, que estaba a 650 kilómetros, detrás de nuestro costado derecho, en Gander, isla de Terranova.

Facebook/Gander International Airport

Hicimos una rápida solicitud al controlador del tráfico aéreo canadiense, quien nos aprobó inmediatamente el desvío hacia Gander. Después descubrimos por qué el controlador no dudó ni un instante en aprobar nuestra solicitud. Los miembros de la tripulación recibimos la orden de preparar todo para el aterrizaje. Pocos minutos después regresé a la cabina del piloto y me enteré de que algunos aviones habían sido secuestrados y que los habían estrellado contra varios edificios en EE. UU. Decidimos dar un anuncio a los pasajeros y MENTIRLES por el momento. Les dijimos que había surgido un problema técnico en el avión y que era necesario aterrizar en Gander para que lo revisaran. Les prometimos darles más información después de llegar a Gander. Muchos pasajeros se enfadaron, pero esto siempre forma parte del trayecto.

Aterrizamos en Gander unos 40 minutos después de recibir el primer anuncio. Ya había aproximadamente otros 20 aviones en la pista, provenientes de todo el mundo. Después de aparcar en la rampa, el capitán dio el siguiente aviso: “Damas y caballeros, se estarán preguntando si estos aviones alrededor de nosotros tienen el mismo problema técnico que nuestra aeronave. Pero la verdad es que nos encontramos aquí por una buena razón”. Después informó sobre lo poco que sabíamos acerca de la situación en EE. UU. Hubo suspiros profundos y miradas incrédulas. En Gander eran las 12.30 p. m. (11 a. m. hora del este de EE. UU.).

Los controladores de Gander nos dijeron que permaneciéramos en el avión. Nadie tenía permitido bajar de la aeronave. Y nadie de la pista estaba autorizado a acercarse a los aviones. Solamente una patrulla del aeropuerto pasó por ahí una vez, nos echó un vistazo y se dirigió al siguiente avión. En la próxima hora más o menos, todos los aviones que sobrevolaban el Atlántico Norte fueron desviados, y solo en Gander había 53 aviones de todas partes del mundo, de los cuales 27 portaban la bandera de EE.UU.

Nos indicaron que los aviones tenían que ser descargados uno por uno y que el transporte extranjero tenía la preferencia.

Nos pusieron en la categoría 14 del transporte en EE.UU. Además nos comunicaron que, probablemente, recibiríamos la hora de desembarque a las 6 p.m. Entretanto, se empezaron a escuchar algunas noticias en la radio del avión y nos enteramos que varios aviones habían chocado contra el World Trade Center en Nueva York y el Pentágono, DC.

La gente estaba tratando de comunicarse con sus celulares, pero fue imposible debido a que el sistema de telefonía celular en Canadá es diferente. Algunos lograron comunicarse, pero solo pudieron contactar con el operador canadiense, quien les dijo que las líneas estaban bloqueadas o saturadas y que lo intentarán después. Un poco más tarde, las noticias nos revelaron que las torres del World Trade Center se habían derrumbado y que un cuarto avión secuestrado se había estrellado.

Ahora los pasajeros se encontraban completamente desconcertados y emocionalmente agotados, pero conservaron la calma mientras nosotros les decíamos que miraran alrededor y comprobaran que no éramos los únicos que estábamos en apuros. Había otros 52 aviones con personas en nuestra misma situación. También les informamos de que el Gobierno canadiense se encargaría de todo y que nosotros dependíamos de él. El aeropuerto de Gander cumplió con su palabra, y a las 6 pm nos informaron que podríamos bajar del avión a las 11 a. m. del día siguiente. Los pasajeros suspiraron una vez más, simplemente se resignaron y aceptaron la noticia sin quejarse demasiado y empezaron a prepararse mentalmente para pasar la noche en el avión.

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El pueblo de Gander tiene 10.400 habitantes. La Cruz Roja nos dijo que iban a asistir a cerca de 10.500 pasajeros de todos los aviones que habían sido desviados a Gander. Nos dijeron que nos relajáramos en el hotel y que esperáramos a que nos llamaran, pero que la llamada iba a tardar. Descubrimos la magnitud de la tragedia que había azotado a nuestro país al llegar al hotel y encender la TV, 24 horas después de que empezara todo. Mientras tanto, aprovechamos para pasear por la ciudad, descubrir sus rincones y disfrutar de su hospitalidad. La gente del lugar era muy amigable; lo único que sabían era que nosotros éramos “la gente del avión”. Todos nos lo pasamos muy bien hasta que recibimos esa llamada, 2 días después, el 14 de septiembre a las 7 a. m. Llegamos al aeropuerto sobre las 8.30 a. m. y nos marchamos para Atlanta a las 12.30 p. m. (Gander esta a 1 hora y 3o minutos del este de EE.UU, ¡sí!, 1 hora y 30 minutos). Pero esto no es lo que les quiero decir. Los pasajeros nos contaron algo muy reconfortante e increíble en el momento más apropiado.

Nos enteramos de que el ayuntamiento de Gander y las pequeñas comunidades que están alrededor, en un radio de 75 kilómetros, habían cerrado sus institutos, salas de juntas, albergues y cualquier otro lugar de reunión. Convirtieron estas instalaciones en un gran albergue. En algunos lugares habían instalado catres, otros tenían colchones con bolsas de dormir y almohadas. TODOS los estudiantes de instituto se hicieron voluntarios para atender a los “INVITADOS”. 

Nuestros 218 pasajeros fueron trasladados a un pueblo llamado Lewisporte, a unos 45 kilómetros de Gander. Allí fueron hospedados en una escuela secundaria.

Si alguna mujer quería permanecer en un área solo para mujeres, podía hacerlo. Las familias permanecieron juntas. Para los pasajeros de edad avanzada solo había una opción: llevarlos a casas privadas. Una joven embarazada fue hospedada en una casa particular, justo enfrente de una especie de clínica de urgencias abierta las 24 horas. Había médicos de guardia y enfermeros de ambos sexos disponibles para atender a la multitud durante toda su estancia. Todos podían llamar o enviar emails a EE. UU. y Europa una vez al día.

Durante el día, les ofrecieron a los pasajeros un recorrido “turístico”. Algunas personas tomaron un barco en lagos y puertos. Otros fueron a visitar los bosques del lugar. Las panaderías locales permanecieron abiertas para hacer pan fresco para los invitados. Los habitantes prepararon comida para todos los que decidieron quedarse en los albergues. A otros los llevaron en coche al restaurante que querían y los invitaron a comer. Les regalaron fichas para lavar su ropa en la lavandería local, ya que su equipaje se había quedado en el avión.

En otras palabras, cubrieron todas y cada una de las necesidades de estos desafortunados pasajeros.

Después de todo esto, llevaron a los pasajeros al aeropuerto; nadie se perdió ni se retrasó. Todo debido a que la Cruz Roja local contaba con toda la información acerca de todas las maniobras en Gander y sabía qué grupo tenía que salir al aeropuerto y a qué hora. Absolutamente increíble.

Cuando los pasajeros subieron a bordo, parecía como si hubieran estado en un crucero. Todos se llamaban por sus nombres. Intercambiaron anécdotas de su estancia, se sorprendían de lo bien que se lo habían pasado. Fue alucinante. Nuestro vuelo de regreso a Atlanta parecía una fiesta aérea. Nosotros, la tripulación, simplemente nos lo habíamos perdido. Los pasajeros se habían integrado muy bien y se llamaban por sus nombres de pila. Intercambiaron teléfonos, direcciones y cuentas de correo. Y después sucedió algo muy extraño. Unos de los pasajeros de la clase business se acercó a mí y me preguntó si podía hablar por el altavoz a sus compañeros pasajeros. Nosotros nunca, nunca lo permitimos, pero algo me dijo que debía hacer una excepción. Así que respondí: “Por supuesto”. El caballero tomó el altavoz y les recordó a todos lo que había pasado en los últimos días. Habló de la hospitalidad que habían recibido de parte de gente totalmente desconocida. Declaró que además le gustaría hacer algo a cambio por las nobles personas del pueblo de Lewisporte. Dijo que iba a establecer un fondo conjunto con el nombre de DELTA 15 (el número de nuestro vuelo). El propósito de este fondo es otorgar becas a los estudiantes de instituto y bachillerato de Lewisporte para que puedan ir a la universisad. Pidió donaciones de cualquier suma a sus compañeros de vuelo. Cuando recibimos el papel con todas las cantidades, los nombres, los correos y las direcciones de los donantes, vimos que en total habían reunido 14.500$, unos 20.000 dólares canadienses. El caballero que empezó todo esto resultó ser un doctor en Medicina de Virginia. Él prometió hacerse cargo de las donaciones e iniciar los trámites administrativos para las becas”.

Esta es una historia muy conmovedora que nos demuestra que algunas veces lo mejor de la especie humana emerge en situaciones de emergencia.

Visto en NoLoCreo

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