En Francia ya han prohibido los bastoncillos de los oídos. Y todos deberíamos seguir su ejemplo

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—Pero sólo de vez en cuando.
—No.
—Para quitarme nada más la cera superficial.
—Niet.
—Pero es que me da mucho asco y me siento sucio.
—Te aguantas.

Esta es más o menos la conversación que llevan teniendo años (más bien décadas) los otorrinos con sus pacientes. Resulta que, el producto de uso cotidiano que se comercializa como idóneo para evitar problemas auditivos es precisamente una de las mayores causas de trastornos en los oídos.

Pero a las consecuencias humanitarias del uso de esta pequeña pieza de plástico y algodón se le suman otros inconvenientes ecológicos que no habíamos tenido en cuenta hasta ahora: cuando tiramos los bastoncillos por el váter acabamos dejando todos esos microplásticos en el mar, donde como sabemos causa la muerte de numerosas especies y acaba acumulándose en la arena de las playas. Y Francia ha decidido que esto es la gota que colma el vaso.

Como ya analizamos aquí, el impacto del uso de los plásticos en el fondo marino está teniendo unas terribles consecuencias para la biodiversidad y la salud de nuestros recursos naturales. Que hayamos producido tantos plásticos en los últimos 10 años como en todo el siglo pasado, que un millón de aves marítimas y 100.000 mamíferos marinos mueran cada año por su culpa…

El bastoncillo, ese diminuto pecado medioambiental

Las cifras concretas del impacto directo del uso de los bastoncillos son también espeluznantes: representan más del 60% de toda la basura generada por el hombre que se envía vía aguas residuales. Los bastoncillos, más que ningún otro producto del baño, lo seguimos viendo como algo que tirar al retrete, cosa que es totalmente perniciosa. Al llegar a las depuradoras y por su reducido tamaño pasan sin que los circuitos de limpieza puedan detenerlos. Y lo que es peor, causan la muerte de numerosas especies al llegar al mar y acaban acumulándose en la arena de las playas.

Pero los bastoncillos tienen algo de especial con respecto a los productos de ahí arriba: es simplemente uno de los inventos más absurdamente perniciosos de nuestra cesta de la compra. No sirve para limpiar oídos, que es justamente por lo que lo seguimos comprando, pero es que además está en la mayoría de los casos fabricado con plástico, que podría ser sustituido por madera o cartón sin demasiados problemas.

Francia y Gran Bretaña contra el bastón anticera

Ya hay varias compañías que se están poniendo las pilas para evitar que se bloquee su comercialización. En Estados Unidos Marks and Spencers, John Lewis o The Body Shop ya han alertado de su cambio de fabricación del bastón que pasará de plástico a cartón reutilizable. Sin embargo, estas son sólo un puñado de empresas minoritarias dentro del universo de los bastoncillos.

Y mientras las grandes empresas no cambien sus materiales, recaerá sobre ellas el veto de la ley. Así les ocurrirá en Francia, donde, a pesar de las protestas de los fabricantes, el Gobierno ha sacado una ley ecologista que pretende paliar la contaminación por plástico de los océanos y que por eso prohibirá de forma indirecta la comercialización de bastoncillos a partir de 2020.

También lo están combatiendo en Reino Unido. Allí los grupos ecologistas y los consumidores han animado una campaña que busca la prohibición (que todavía no se da de facto). Para ello han elaborado una campaña, #switchthestick, en contra de los bastoncillos, en la que muestran el efecto de estos bastones en las costas.

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“Se estima que cada semana los humanos tiramos medio millón de bastoncillos por el retrete”, nos dicen los de City to Sea. Los ecologistas no lo han hecho mal: desde que sacaran sus mensajes cadenas como Tesco, Sainsburys, Lidl, Aldi o Tesco se han hecho eco y para 2017 censurarán las marcas que sigan elaborándolos de plástico, así como se animan a manufacturar sus propios productos hechos al 100% de materiales biodegradables. En España también se prevé que a partir de 2018 el 50% de cada bastoncillo contenga sustancias biodegradables, y el 60% a partir de 2020.

El daño que nos infligimos constantemente por decisión propia

Aunque la dimensión medioambiental del asunto no debería distraernos de la principal razón por la que deberíamos eliminarlos de nuestra vida diaria. No importa dónde mires, medios internacionales o nacionales, informaciones de hace una década o del año pasado. No hay un solo motivo para insertar estas pequeñas varas en nuestros oídos, por mucho placer que nos produzca eliminar esa desagradable cera.

De hecho, las mismas compañías de los bastoncillos son conscientes del boicot que hay alrededor de ellas. Hasta tal punto que en ocasiones se comercializan sin aludir a su aplicación auditiva o incluso lo desaconsejan en las tapas con un “No lo inserte en el conducto auditivo”. En la página oficial de Q-tips, la principal marca de bastoncillos norteamericana, no encontrarás una sola oreja de entre todas sus galerías de imágenes.

Las compañías ya se ponían las pilas en los 80, y para muestra, aquel anuncioen el que salía Betty White hablando de cómo lo aplicaba en sus cejas, labios y orejas sin llegar a metérselo por el interior del oído. Los anunciantes han jugado con esa ambigüedad publicitaria, aunque todos sabemos perfectamente para qué siguen siendo usados.

Para el maquillaje, para el teclado. El elefante en la habitación

Puede que la forma más segura de lavar nuestros oídos sean los sprays de agua, pero seguirá siendo difícil convencer a una masa de consumidores que ven los resultados al momento después de introducirse un bastón que les ha costado décimas de céntimo, aunque ellos vayan a causarle una progresiva pérdida auditiva. Estudios británicos descubrieron que más de la mitad de los pacientes por cuestiones auditivas de los otorrinos admitieron usar bastoncillos para limpiar sus oídos, a pesar de saber que su médico se lo había contraindicado.

Por poner sólo una de las muchas citas de la lucha de los otorrinos contra esta herramienta, pondremos la de Dennis Fitzgerald:

“Se ha educado a la gente en la limpieza de sus oídos, piensan que están innecesariamente sucios, pero eso no es cierto. La cera es como las lágrimas que lubricante nuestros globos oculares. En nuestros oídos la pie les tan fina, tan frágil, que es muy fácil que coja una infección, y lo que hace esa cera es proteger tu canal auditivo de ese problema. Cuando trato a gente con problemas recurrentes de este tema les hago prometer que tirarán sus bastoncillos, que no los compren jamás. Los que siguen volviendo sé que son los que hicieron oídos sordos”.

Visto en MagnteXataka

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