La Barranquilla de mi niñez, sí era un buen vividero.

PUBLICIDAD

Pocas veces hago notas personales y menos conjugando los verbos en primera persona.

Pero la inseguridad que tiene arrodillada a Barranquilla, alborotó el “remolino de recuerdos” como la canción de Esthercita y quiero compartirles algunas vivencias de tiempos idos, aún frescas en mi memoria.

Me crié en una ciudad tranquila, cuando las palabras estrés, corrupción, cambio climático, chatear, matoneo, narcotráfico, especies en extinción, paramilitarismo, pedofilia, reciclar, testaferrato, curas pederastas o whatsAapp, eran desconocidas e impensables.

Foto: Rueda El Economia

En mi mente está claro el recuerdo del Circo Razzore que llegaba a un terreno contiguo al Colombo Americano en la 43 con 52.

Los remedios se compraban en Blanco & Roca o en la Droguería Nueva York y las fórmulas las elaboraba Farmacia Vida.

También el inolvidable Sears con su escalera eléctrica, Súper Rayo, el Club Santandereano en el barrio Prado donde mi padre era socio, las rutas de buses Prado Porvenir y Prado Boston que pasaban por la puerta de mi casa, El Mediterráneo,  Bingo El Manara, Sonatina, El Pez que fuma, la Coca Cola en la 70, y las verbenas de Carnaval que llegaban máximo hasta Boston.

En casa cocinábamos en una estufa comprada en el Bazar Central de Progreso con el paseo Bolívar, cuando no había llegado el gas natural.

Desde los 10 años empece a bajar solo al centro en bus, sin temor a que me atracaran o me agredieran por ser un menor de edad.

La calle 76 donde me crié y crecí, fue hasta 1960 un remanso arborizado de tranquilidad urbana, referente obligado por el Seminario, el Country Club, el Colegio del Prado y el Vivero, llamado después  Zoológico.  Habitada por familias decentes, en su mayoría propietarios de sus casas.

Los arroyos, excepto el de Rebolo,  eran menos caudalosos; y no había trancones (palabra adoptada del altiplano, aquí decíamos embotellamiento).

Con taxistas educados, rodeados de vecinos considerados, colaboradores y cuando se respetaba al profesor y llamábamos ‘señor agente” al policía porque inspiraba seguridad y respeto.

En Barranquilla durante mi niñez y adolescencia las casas no tenían rejas y los antejardines estaban engramados, el agua era barata y se podía regar.

Esperábamos el mes de diciembre para intercambiar las envolturas de café vacías, por regalos que obsequiaba la Cafetería Almendra Tropical entre sus clientes. Ahora lo llaman “fidelización”.

Cómo olvidar al afilador de tijeras, al vendedor de mondongo y bollo e yuca en su burro, al carretillero que iba de casa en casa comprando envases de vidrios reciclables o al señor que iba en una carreta vendiendo escobas traperos, desollinadores y secadores.

Y un vendedor de mango verde, caleño, que pasaba por la puerta de la casa en el 67 pregonando:

“La suerte no nos acompañó en las goleadas de mayo y junio/los domingos a hacerle barra a los muchachos del Júnior/oiga vea, mire vea”.

Se refería a las dos palizas fenomenales que nos propinaron en menos de un mes el Deportivo Cali (6 a 1) y el Deportes Quindío (5 a 1), ambas de visitante.

Leer también  ¡Los abusos de espacio público con las personas que se rebuscan en Barranquilla! ¿Quien es mas abusador, el gobierno o ellos?
PUBLICIDAD

[Mi compañero de aulas, Rodolfo Daníes, leyó la crónica y complementa  la tonadilla del vendedor de mangos con su saco de fique.  Este era el parafraseo final:

“Öiga vea, mire vea, tengo mango hecho y legal para comer con sal/con uno prueba, con dos se seba y con tres a la casa lleva.

Y si pasábamos de largo: oiga niño no sea grosero, ayer ganamos al Cúcuta uno por cero”].

Los vecinos nos visitábamos, teníamos tertulias en las terrazas, jugábamos bola ‘e trapo en la calle y de La Habana llegó un barco cargado de…

Jugue al yoyo, damas, trompo,  dama china, Hágase rico, dominó, ajedrez, bolita uñita, chequita, triqui, la lleva, al botellón, las escondidas,  4-8 y 12, al teléfono roto y béisbol con bola de tenis (el bate era la mano cerrada).

Los primeros bailes con radiola, comíamos almendras callejeras y agua de coco debajo de árboles frondosos.

Elevábamos cometa en agosto y en las fabulosas brisas decembrinas.

Futbolito en una tabla, los domingos pa’l Romelio desde las 10.00.

Cuántas veces no nos volamos de clase los jueves por la tarde para ver el partido de práctica del Júnior entre titulares y suplentes, donde se definía la titular del domingo. Con los libros en la mano al pasar por la tribuna de sombra repleta de vagos y ociosos, nos levantaban: “leveros, leveros”.

Hacíamos nuestra patineta recorriendo talleres buscando balineras.

Los muchachos de la cuadra íbamos a “social doble” (dos películas seguidas) los domingos al Metro o a los descubiertos de noche cercanos a la casa como el Coliseo y Doña Maruja.

Se nos hacía tarde en las terrazas echando cuentos y no nos atracaban como ahora.

Contábamos los carros que pasaban frente a la casa y los enumerábamos por marca.

Jugue a “gallito”con flores de acacia. El panadero de bicicleta pasaba a las 4.00, el zapatero estaba a dos cuadras y el voceador dejaba temprano  El Heraldo.

El camión de Ciledco  traía a domicilio la leche en botellas de vidrio con tapita de aluminio y la fecha del día.

Regresábamos a pie a nuestro hogar, de día o de noche, con absoluta tranquilidad.

Estudiamos a punta de vela porque Electrificadora prestaba un pésimo servicio. A eso sd refiere el dicho de “quemarse las pestañas”.

Nos bañábamos y badeábamos el arroyo de la 76 antes de que fuera mortal.

Y si nos portábamos mal nos daban una limpia, con chancleta o correa, que nos hizo hombres de bien, sin traumas como aseguran temerariamente  los sicólogos de ahora.

Ah, y no había celular y nuestros padres nos esperaban sin angustia cuando salíamos de noche.

Mientras estábamos en la calle no los llamábamos si todo estaba bien.

Qué rutina tan hermosa. No había tiempo de aburrirse. Vivíamos tan absortos en esa burbuja protectora, que solo vinimos a darnos cuenta de lo que felices que eramos cuando perdimos aquella Barrannquilla.

Cómo extraño mi ciudad, qué época, mi generación.

Visto en RuedaLaEconomia or Jaime Rueda Domínguez

No te lo pierdas

cover cholon

Yates están ofreciendo precios especiales a ancianos que vayan con sus “nietas” a Cholón

PUBLICIDAD Dada a la gran afluencia de personas de la tercera edad en los últimos meses, acompañados …

Hola querido amigo!

Síguenos en Facebook para compartir nuestro optimismo