La coartada de los hermanos Uribe Noguera

Con una coartada “coherente”, edificada sobre un par de incongruencias y algunas omisiones estratégicas, Francisco y Catalina Uribe Noguera están a punto de pasar agachados respecto de la relación evidente que, en mi opinión, tienen en el caso de secuestro, tortura, violación carnal y asesinato, cometido por su hermano Rafael en contra de la niñita indígena de siete años de edad, Yuliana Samboní, a quien nadie defendió en vida y tampoco nadie lo hace ahora con su memoria.

Francisco, hábil abogado, cuyas picardías profesionales en otros casos han sido registradas en primera plana, esta vez se presenta como una ingenua y confundida víctima de la monstruosidad cometida por su hermano menor. Sostiene que en todo momento estuvo informando al GAULA (grupo policial) y colaborando con él. Tiene todo el derecho a defenderse, como es obvio, pero su coartada tiene grietas evidentes que me dispongo a resaltar.

La primera gran incongruencia consiste en que cuando Francisco dice que le preguntó a Rafael dónde estaba la niña que la policía estaba buscando insistentemente, “él me dijo que no sabía porque recogió la niña y que la niña se bajó en la [calle] 65 con Circunvalar”. Ante esta “revelación” tan precisa, no se necesita tener dos dedos de frente ni ser abogado para deducir que Francisco lo primero que debió haber hecho, por lógica deducción, obligación humanitaria y sentido moral, fue llamar, ahí mismo, a los investigadores con los que estaba en “contacto permanente” para decirles que de inmediato comenzaran la búsqueda de Yuliana en ese sector de Bogotá. ¿Por qué no lo hizo? Pues porque su hermano, opino yo, nunca le dijo eso. Es una mentira insostenible que deja coja su coartada.

A esas alturas, Francisco alega que había inspeccionado la camioneta de su hermano y encontrado en ella un zapatico de Yuliana, pista crucial para sentir la necesidad de activar la veloz búsqueda de la pequeña. No obstante, no lo hizo y no explica por qué. Se limita a decir, cuando es acorralado frente a sus inconsistencias, que en ese tipo de situaciones, para las cuales “ningún ser humano está preparado”, es difícil ser racional.

Cuenta también en su coartada que llamó a un abogado amigo (para lo cual sí tuvo racionalidad suficiente) y le contó que la niña estaba “desaparecida” porque se había bajado de la camioneta a la que Rafael la subió por la fuerza tras raptarla. La más alta probabilidad, en ese caso, es que estuviera viva. Le explicó que su hermano estaba ebrio y le preguntó si era correcto llevarlo a una clínica. Esa, para él, era la prioridad. La niña, claramente, no lo era.

El abogado “me dijo”, sostiene Francisco Uribe Noguera, “que no tocara nada y que la situación de Rafael era grave porque él tendría que responder por lo que le pasara a la niña después de haberse bajado del carro”. Igualmente, el abogado le dijo que sí podía llevar a su hermano a la clínica.

No tiene ningún sentido el consejo de no tocar nada dentro de un apartamento en el que no había estado la niña. Además, no creo que un buen abogado le hubiera dicho a Francisco algo tan absurdo como que Rafael sólo tendría que responder por lo que le pasara a la niña después de bajarse del carro. Como es obvio, Rafael era responsable desde el mismo momento del rapto. Un buen abogado de inmediato le habría ordenado a Francisco que se comunicara con las autoridades y que, él mismo, en compañía de su hermano, emprendieran la búsqueda de la niña, que para ese entonces tenía que haber sido la prioridad absoluta de todos. Todo este cuento mentiroso, en mi concepto, me lleva a creer que Francisco y Catalina sí sabían, desde el principio, que la niña estaba muerta y por eso sólo tenían cabeza para estructurar la forma de salvar el pellejo de su hermano asesino.

En su entrevista a Semana, Francisco Uribe Noguera soltó esta perla: “Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerle a Juan David (el abogado) sus consejos en ese momento, que, mirándolos ahora, después de los hechos, fueron claves”. ¿Por qué son claves esos consejos mirándolos después de los hechos? ¿Claves para qué? Para tratar de engañar a las autoridades y a la opinión pública, opino yo.

Respecto de llevar al hermano a una clínica debido a la extrema gravedad en que se encontraba (lo que resultó ser falso), a cualquiera, por bruto e ignorante que sea, solamente se le ocurre una cosa: llamar una ambulancia para moverlo con urgencia. Pero al abogado Francisco Uribe Noguera no se le pasó por la cabeza esa posibilidad. Por el contrario, con su hermana Catalina, salieron a buscar un taxi en la calle para llevarlo a la clínica psiquiátrica Monserrat, donde no lo recibieron y, entonces, se dirigieron a la Clínica Cardiovascular Navarra (de mala reputación, dicho sea de paso) y allí sí lo admitieron, pero no por un trastorno mental sino cardíaco.

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Las sucesión de hechos narrados por Francisco Uribe Noguera indica que, antes que colaborar con el GAULA, para él la prioridad fue meter a Rafael en el primer hospital donde lo recibieran, con lo cual quedaría, al menos temporalmente, fuera del alcance de la justicia. Creo que eso fue lo que convino con el enigmático penalista Juan David.
Más que falso, es absurdo suponer que solamente ese día se le ocurrió que su hermano debía comenzar inmediatamente un tratamiento psiquiátrico contra su viejo, peligroso y reconocido vicio de consumir alcohol y drogas y del cual la familia tenía pleno conocimiento desde hacía décadas.

(La Fiscalía debería buscar el registro de la vez que, de acuerdo con testigos que me buscaron, Rafael Uribe Noguera, borracho, hace varios años, dicen ellos, le dio la vuelta a la glorieta de la Calle 100 con Carrera 15, de Bogotá, y se metió velozmente por ésta última, en contravía, con lo cual causó un gran choque y dejó gravemente herida a la mujer que iba con él. Éste, como muchos otros desafueros suyos, pasó desapercibido).

Cuando iban en el taxi rumbo a la primera clínica que no admitió a Rafael, éste, dice su hermano Francisco, “me dijo en voz baja que me iba a contar la verdad. Y me confesó que él la había matado”.

En ese momento, Francisco no cambió la ruta para ir a entregarlo a la Policía, sino que se empeñó todavía más en hospitalizarlo.

Francisco Uribe Noguera nunca le dijo al GAULA dónde era que su hermano tenía a la niña muerta sino después de haberlo metido a la clínica Navarra.

De acuerdo con Francisco, “no estábamos manejando un problema de homicidio sino tratando de presionar a una persona gravemente enferma para que nos contara qué pasó con la niña desaparecida”. Hasta hoy, no se ha podido probar que el asesino estuviera enfermo. Y en esa afirmación miente Francisco, pues no estaba poniendo presión de ninguna índole para saber “qué pasó con la niña desaparecida”. La niña, insisto, los tuvo sin el menor cuidado.

La versión de Francisco Uribe Noguera no resiste ser contrastada con los tiempos y los hechos del crimen. De acuerdo con la Fiscalía, él y su hermana llegaron al sitio del asesinato a las 3:40 de la tarde y avisaron al GAULA 4 horas después, a pesar de que han debido hacerlo inmediatamente. En esas cuatro horas claves ocurrieron:

1) Limpieza de la escena del crimen y del cuerpo de la niña.

2) Borrón de los perfiles del asesino en redes sociales.

3) Embriaguez y drogada del confeso asesino Rafael.

4) Rechazo a Rafael en la clínica psiquiátrica Monserrat como enfermo mental.

5) Admisión de Rafael en la Clínica Navarra como enfermo cardíaco.

En todos esos episodios estuvo Francisco Uribe Noguera.

La coartada de los hermanos Uribe Noguera se edifica en parte sobre la afirmación inverosímil de que ellos jamás vieron a la niña muerta, ni aun cuando la encontró el GAULA en presencia, al menos, de Francisco. ¿Cómo lo prueban? Simple y llanamente con su propio dicho inconsistente y el testimonio de su hermano asesino, que ha intentado negociar con la Fiscalía la culpabilidad del crimen a cambio de que no impliquen a sus hermanos.

De acuerdo con la Fiscalía, hay una mujer joven que llegó al apartamento del crimen después de Francisco, ¿Quién es? ¿Cuánto tiempo estuvo ahí? ¿Qué hizo? En la coartada de Francisco Uribe Noguera no hay una sola mención a esa mujer, que, supongo, es clave.

Un hecho inaceptable: la Fiscalía declaró este domingo a Noticias Uno que la Policía borró huellas fundamentales en el apartamento en donde se cometió el crimen.
En síntesis: no habrá un juicio propiamente dicho porque Rafael Uribe Noguera, estratégicamente, se declaró culpable, a la espera de alguna oportunidad para salir libre, y todo parece indicar que a sus dos hermanos no los van a investigar ni a imputarles cargos. Esto quiere decir que nunca vamos a saber a ciencia cierta qué fue lo que sucedió en las dramáticas horas finales de la pequeña Yuliana.

Aquí no pasó nada.

Visto en Semana por Gonzalo Guillen

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