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La dolorosa partida del patrullero de la Sijín asesinado en Rebolo

La masa de gente coronada por un ataúd cubierto a medias por una bandera de Colombia se abría paso. En el centro, un grupo de personas cargaban en sus hombros el féretro que contenía el cuerpo de Brian Jamboos González, patrullero de la Sijín asesinado en medio de un enfrentamiento a bala con delincuentes en el que fue abatido uno de ellos, en Rebolo.

Se escuchaban sollozos, lamentos, frases entre dientes. A medida que el cortejo avanzaba el llanto se hizo más dramático y desgarrador: se acercaba el momento de la sepultura. Una de las hermanas del héroe caído encarnaba el dolor del momento.

Cantando un fragmento de la canción Yo te extrañaré, de Tercer Cielo, la devastada mujer evidenció su propia tragedia. Aunque con extrema dificultad siguió el hilo de la letra hasta derrumbarse cuando, quizá, se vio ante los versos que con más precisión reflejaban lo que sentía, aquello que quería decir pero no podía porque le faltaba el aire, la fuerza, la vida de su hermano.

“Ojalá pudiera devolver el tiempo para verte de nuevo, mi hermano, para verte de nuevo, bebé. Qué dolor tan grande has causado en mi vida y en todos los que te queremos, papi. Te fuiste y arrancaste un pedazo de mí, te lo llevaste…”. Otros que acompañaban el cortejo, también presos del dolor, le daban golpes al ataúd, como esperando alguna señal de vida de adentro.

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Al llegar al sepulcro un crudo silencio se apoderó del lugar. Miembros de la Policía —entre esos el comandante Mariano Botero— le hicieron calle de honor al féretro. Las trompetas entonaron una lúgubre melodía. Al fondo, en segundo plano, sonaba otra canción que describía el instante eterno: “Dímele a Dios que me ha dejado solo, me ha quitado todo al llevarte a ti. No habrá en el mundo pa’ esconder mis ojos las veces que lloro porque te perdí”.

Antes de ser sepultado, familiares pidieron ver por última vez a Brian Arturo. Acariciaban el cristal, esparciendo las lágrimas que allí caían. Comentaban que no parecía muerto, sino profundamente dormido. No había cantos, ni gritos, ni susurros. Los dolientes estaban entregados a la contemplación del rostro inmóvil detrás del vidrio. De fondo, nítido, otro verso: “…Existe un camino que hay que continuar…”.

Fuente: http://www.hora724.com/video-doloroso-adios-al-patrullero-la-sijin-asesinado-rebolo/

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