Lo que la mayoría de las personas no conocen de la modelo Katherine Martínez

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Katherine Martínez no entró en pánico. Cuando se dio cuenta que el paciente inició un paro cardíaco, no salió corriendo a llamar a los especialistas de turno porque sabía que estaban dos pisos arriba y el hombre de la tercera edad se podía morir. Entonces le puso las manos en el pecho y comenzó a hacer todo el proceso de reanimación que había aprendido en la universidad y sobretodo en su experiencia en el Hospital Universitario del Valle. Uno, dos, tres. Uno, dos tres; presionaba la mujer de manera intensa sobre el corazón del desvalido. De pronto entró un enfermero quien salió disparado a llamar al médico jefe. No se sabe cuántas veces Katherine realizó los pasos de reanimación, lo que sí se sabe es que el paciente volvió a estabilizarse. Esa fue una de las tantas vidas, así fuese pasando revista en sus largas jornadas de trabajo, que ayudó a salvar la caleña que hoy está en boca de medio Colombia.

Katherine Martínez pasó sus primeros años de vida en el barrio Sindical de Cali. Su primaria la hizo sin perder una sola materia en la escuela Juan XXIII. Desde niña se destacaba por estar en los grupos de danza y de artes. Su mamá conserva una foto donde, como si fuera una reina de belleza, tiene su mano bajo la boca repartiendo besos al público mientras iba subida en un caballo de un parque de atracciones mecánicas. Tal vez tenía siete u ocho años y ya se le veía el gusto por el mundo de las fotos y las portadas. La familia tuvo que trasladarse y llegaron a vivir al barrio San Marcos en el Distrito de Agua Blanca.

El bachillerato lo hizo en el colegio Hernando Navia Varón. Allá ganó concursos de baile en todas las competencias intercolegiales. Tal vez por ello se metió a una academia donde aprendió a bailar hasta tango. También se destacó en los deportes, de modo que a los 16 años cuando se graduó de bachiller se inscribió a la Escuela Nacional del Deporte en la carrera de Fisioterapia. Aprobó los exámenes de ingreso sin ningún inconveniente. Los primeros semestres fueron duros porque solo contaba con el apoyo económico de sus padres. Pero al cumplir los 18 años decidió hacer un curso de vigilancia privada e ingresó a la empresa de seguridad Andina. De modo que empezó a estudiar y a hacer turnos de media jornada en uno de los grandes supermercados de cadena ubicado en el Centro Comercial Chipichape. No pasaba desapercibida por su belleza, pero esto no fue óbice para atrapar varios ladrones.

Nunca dejó de hacer deporte. En la universidad se destacó por su pasión por la natación y el patinaje. Finalizando la carrera los documentos que conserva dan cuenta que hizo a tiempo y satisfactoriamente sus prácticas. La primera la realizó en salud ocupacional en la cárcel de Jamundí, después pasó al Ancianato San Miguel, las prácticas deportivas las hizo con el Instituto Municipal de Deporte y Recreación de Yumbo IMDERTY, mientras que las de hospitalización y consulta externa las hizo en el Hospital San Juan de Dios. Su grado como fisioterapeuta lo recibió en abril del año 2013, estaba lista para entrar a trabajar en una reconocida clínica pero quedó en embarazo en junio de aquel año.

Meses después de tener a su hija, de inmediato consiguió empleo. Ingresó, quizá,  a uno de los lugares más complicados de Colombia: El Hospital Universitario del Valle. Era junio de 2014 y en ese momento el Universitario acababa de entrar en una crisis económica desastrosa. A Katherine le tocó primero el área de hospitalización. Por la falta de personal en muchas ocasiones tuvo que hacer turnos de 18 y 24 horas. Su jefe, Lina Osorio, la apoyó para seguir capacitándose. La caleña hizo un diplomado para laborar en el área de cuidados intensivos. Entonces fue asignada a urgencias. Allá le tocó ver de cerca desde los casos más brutales como mujeres que entraban heridas por sus parejas, hasta hombres recién baleados. Como le ponía tanto empeño a lo que hacía, la subieron a la Unidad de Cuidados Intensivos de Neurocirugía.

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Los pagos se comenzaron a retrasar y las facturas a acumularse. Su hija debía ir al jardín pero, además, Katherine también estaba ayudando económicamente en casa de sus papás. No importaba, pedía plata prestada y las quincenas retrasadas que llegaban se le iban pagando deudas. La copa se rebosó cuando a mediados del año 2016 el hospital cerró la UCI donde Katherine trabajaba. Como le había ido tan bien, fue a una de las pocas personas que dejaron con contrato, de tal suerte que la regresaron al área de hospitalización. Entonces llegó la foto que le cambió la vida.

Sus amigas le insistían que ante su belleza debía tener una cuenta en la red social Instagram. Por ensayar la abrió el 6 de septiembre del 2016. En una semana comenzó a tener una gran cantidad de seguidores, y en un mes ya tenía 5000. Ho tiene más de 278 mil seguidores. Fue el manager de modelos Kike Rosero quien le propuso que se tomara fotos profesionales y así comenzó a llegar la fama y los contratos. Hizo campañas de ropa interior. De pronto llegó otra propuesta que no le incomodó. El 16 de diciembre se presentó en un reconocido club nocturno donde hizo su primer baile en vestido de baño. Le fue tan bien que de la competencia la contrataron para hacer otras presentaciones. El hospital siguió en crisis, no pagaban cumplidamente y siguieron los despidos. De tal suerte que la caleña decidió renunciar en enero de 2017.

Decidida siguió haciendo fotos, una de ellas llegó a manos de la dirección de las ‘Diablas del América’ y la mandaron llamar. Sus imágenes con las prendas del equipo rojo llegaron hasta el canal Fox de Argentina, después fue llamada para ser portada del periódico La Cuarta de Chile. Participó también en un vídeo de reggaetón. Al tiempo se seguía presentando en shows como los que realizó la casa de eventos Liz. Su gusto por la música electrónica la motivó a matricularse en la academia Factory para aprender a mezclar canciones; al tiempo recibió clases personalizadas con el reconocido deejay de Cali, Gárgola, y así hizo su debut en mayo de este año en el Club Ten de Cali.

Katherine Martínez jamás niega que se ha hecho varias cirugías, pero el deporte también le ha ayudado en su carrera como modelo y bailarina. Va cuatro veces a la semana al gimnasio y sube día de por medio al cerro de Las Tres Cruces. Su vida, sin embargo, parece que acabara de entrar a una unidad de cuidados intensivos. Todo porque unos policías la arrestaron, la llevaron a una estación y la grabaron bailando, pero no contentos con ello subieron el vídeo a las redes sociales sin su consentimiento. Katherine no niega que bailó bajo los efectos del alcohol, pero de manera rotunda asegura que nunca dio los permisos legales ni para que la filmaran ni mucho menos para que esparcieran el vídeo en internet.

Hoy muchos vapulean su nombre. Pero no saben que su vida en las presentaciones de baile, las fotos y el modelaje no ha cumplido ni siquiera un año. Ante la exposición por aquel vídeo que ella nunca permitió que se publicara, Katherine decidió denunciar a los policías, quiere que respondan por los hechos y que por lo menos ofrezcan disculpas públicas. La Procuraduría General de la Nación se acaba de pronunciar en un comunicado donde informan que van a investigar los hechos. Por ahora, Katherine no quiere volver a bailar ni a modelar; dice que prefiere volver a hacer turnos de 18 horas en urgencias que gastarse la vida explicando lo que nunca ha sido.

Visto en LaW

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