Que significa ser corroncho? El ‘corronchismo’ forma de vida caribe.

El compositor Hernán Villa Ortega lleva varios años diciendo que el término ‘corroncho’, con su acepción ‘corronchismo’, sea incluido en el Diccionario de la lengua española (Drae), pero con la connotación que tiene en la Costa Caribe.

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A Villa no le suenan mucho los significados que tiene en el Drae la sonora palabra: “Persona lenta, tarda y pausada, en Venezuela; arroz tostado que queda pegado en el fondo de la olla al cocerlo, en Costa Rica, y nombre de varias especies de peces de agua dulce, también en Venezuela”.

“El verdadero corroncho no es lento ni pausado; por el contrario, es acelerado y locuaz; al arroz que queda en el fondo del caldero aquí se le dice ‘pegao’, y el pez de agua dulce más cercano es el coroncoro”, dice Villa para contradecir al Drae.

Y tanta ha sido la lucha del compositor bolivarense para lograr su objetivo que ya se ha ganado varios aliados de peso en el duro camino que está recorriendo: Juan Gossaín y Daniel Samper Pizano, elevados a miembros de la Academia Colombiana de la Lengua.

En realidad, Gossaín lleva ya varias décadas batiéndose a letra limpia contra medio mundo por las malas o distorsionadas interpretaciones que se han hecho del término, que han portado muy orgullosos personajes como Héctor Rojas Herazo, Jorge García Usta y Gabriel García Márquez, entre otros.

El propio Gossaín recuerda que hace más de 35 años sostuvo una controversia con su colega Samper Pizano desde las trincheras de El Espectador y El Tiempo.

Samper, según Gossaín, asimiló ‘corroncho’ con el andino ‘lobo’, lo que, según su apreciación, distorsionaba el real significado de la vilipendiada palabra.

“No hay nada más diferente que un ‘lobo’ y un ‘corroncho’. El ‘lobo’ es un desperdicio, un producto de la subcultura, un residuo. ‘Lobo’ es el que, tratando de imitar a los señores que tienen un Botero en su casa, compra una litografía de cualquier madonna italiana y le pone marco café con verde. ‘Corroncho’ es el inspector de policía del Retiro de los Indios, cerca de Montería, que no sabe que existen ni Botero ni las vírgenes del Renacimiento. Y que recorta de un almanaque de la farmacia La Mano de Dios una imagen del rico que vendió al contado y el arruinado que vendió a crédito y la pega con cuatro puntos de almidón en la pared de boñiga de su rancho”, afirma.

Con el tiempo, Samper Pizano logró entender la realidad de la palabra y, en los últimos años, se ha vuelto uno de sus más fervientes defensores. Como tal, ha participado en varios eventos y conversatorios que ha organizado la fundación cultural Corronchismo, liderada por Hernán Villa.

Como académicos oficiales de la lengua, Gossaín y Samper han secundado a Villa en la intención de incluir el término en el Drae.

“Ya conseguimos que ingresara la palabra ‘patacón’, como pedazo de plátano frito, pero aún nos faltan otros términos que son muy caribes, como ‘mogollo’ (fácil) y la que sería la joya de la corona: ‘corroncho’, como campesino elemental y sagaz del Caribe colombiano, que fue la definición que está en estudio de la Academia”, agrega Villa.

Origen y discriminación

Juan Gossaín recuerda que Mario Alario Di Filippo, exmagistrado de todas las cortes y filólogo de la vida popular, escribió en el Lexicón de colombianismos que el corroncho es un árbol típico de las regiones ardientes de la Costa Atlántica, acepción esta que se acerca al que puede ser considerado origen de la palabra.

“Al principio de nuestro idioma, la corroncha era la corteza gruesa de un árbol, así que la misma palabra tiene un origen muy lindo, pero se fue desfigurando con el paso del tiempo y hoy es un arcaísmo”, dice Gossaín.

Para Hernán Villa, en Colombia el vocablo ‘corroncho’ empezó a perder la pelea en los años 40 y 50 del siglo pasado, cuando a alguien en Bogotá se le ocurrió llamar así, de manera peyorativa, a los costeños que iban a estudiar a la capital y armaban bulla y zafarranchos en donde vivían.

“Ese significado se extendió rápidamente, y fue equiparado a otros como ‘guache’, ‘vulgar’, ‘gritón’, algo totalmente diferente a lo que es en realidad: un hombre alegre, trabajador, campesino honesto y cristalino”, advierte Villa.
Gossaín lo complementa: “El corroncho es puro como el agua de una acequia, como el cagajón de un burro, como el matarratón que florea en verano”.

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Y, aunque siempre se ha tenido como responsables de la connotación negativa de la palabra entre los habitantes del interior del país, el problema se ha acrecentado porque en la misma Costa Caribe se utiliza en forma discriminatoria.
“Es muy común que personas pudientes de cualquier capital de la Costa Caribe utilicen el vocablo ‘corroncho’ para calificar a alguien que llegó de algún pueblo. Esto se nota más en ciudades como Cartagena, donde todavía hay ínfulas colonizadoras”, anota Villa.

No obstante, el fallecido escritor David Sánchez Juliao escribió una de las frases más recordadas para describir al hombre llamado ‘corroncho’, noble y desprendido.

“El ‘corroncho’ es aquel que camina por las calles de un pueblo de la Costa con un gajo (racimo) de mamón en la mano, y cuando llega a su casa ya no tiene nada porque lo ha regalado en el trayecto”, anotó Sánchez Juliao.

El ‘corronchismo’

Nacido en San Jacinto (Bolívar) hace 68 años, e influenciado por la magia de los gaiteros y de la rica tradición folclórica de su pueblo, Hernán Villa empezó a componer a los 18 años de edad, con la buena estrella de ser el inmortal juglar Andrés Landero quien le grabó sus primeras canciones: Oye, mi amor, en 1965, y La cuna de Landero, en 1966.
Y fue a finales de la década de los setenta cuando Alfredo Gutiérrez le grabó el porro que lo volvería famoso: El corroncho.

Ya vivía en Cartagena, donde se radicó hace 42 años, y desde entonces adoptó como suya la causa del ‘corronchismo’, a raíz del éxito que tuvo la canción.

Con más de cien canciones compuestas (grabadas por Andrés Landero, Adolfo Pacheco, Alfredo Gutiérrez, Rafael Ricardo y Rodrigo Rodríguez, entre otros) y después de haber ganado la Lira de Oro, de Sayco, en 1992, con el tema La cumbia es una mujer, Villa creó la fundación Cultural el Corronchismo, con lo que convirtió así su propuesta en tema de academia.

En Cartagena, Barranquilla y Sincelejo ha programado varios conversatorios para tratar con seriedad un asunto que muchos aún miran de soslayo.

En este trasegar por universidades y centros de estudios, ya Villa ha consolidado una tesis, que ha ido puliendo con ayuda de profesionales como Tomás Vásquez y Numas Gil Olivera, con el fin de exponerla en todo el país y en el exterior.

“Hemos visto que el asunto no es de conciencia intelectual, sino de diferencias de culturas y de desconocimiento de los orígenes; de ahí que necesitemos hacer una tarea pedagógica titánica”, expresó.

Villa recibirá hoy, gracias a sus canciones en defensa de sus tesis sobre el ‘corronchismo’, la orden civil al mérito Cartagena Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, en el grado de Comendador, del Concejo, en una solemne ceremonia que se llevará a cabo en el Centro de Convenciones, a la que asistirán las candidatas al Concurso Nacional de la Belleza y al Reinado de la Independencia.

Con sus camisas coloridas, sus abarcas ‘tres puntá’ y su sombrero ‘vueltiao’ y la alegría a flor de piel, se siente emocionado porque el trabajo que viene haciendo de manera silenciosa desde hace más de veinte años está empezando a dar sus frutos.

Para la ocasión, sin embargo, dijo que iría vestido de blanco a fin de no desentonar con la solemnidad, pero también llevará su sombrero y su mochila.

“Ahora lo que falta es que una de las reinas se enamore de este corroncho”, dice y lanza un ‘guapirreo’.

La canción al papa Francisco
En ritmo de porro, le hizo un homenaje al sumo pontífice

Hernán Villa Ortega, el más corroncho de los colombianos, es el único compositor nacional en atreverse a componerle una canción al papa. En ella lo invita a que conozca San Jacinto, sus artesanías y su música. Y, como buen corroncho, sin complejos y penas, le envió el CD en un sobre cerrado al jefe de la Iglesia católica. Como muestra de la recepción de la encomienda, Villa muestra la carta que le envió el Vaticano, en que le pide que “rece por él y por los frutos de su servicios al Santo Pueblo de Dios…”. “La canción la hice en ritmo de porro sabanero, que es una música universal y que tiene mucha acogida en Argentina”, sostiene. También incluyó un tema suyo, ‘Cuna de Landero’, en el disco de Juan Piña y Roy Rodríguez, que ganó un Grammy Latino.

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