Un paseo por los caños de Barranquilla

Llegó el momento de congraciarnos con nuestra tradición portuaria y con la memoria histórica.

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Milton Zambrano Pérez

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El sueño de utilizar los caños de la ciudad como medios de recreación está empezando a volverse realidad. De manera todavía poco organizada, algunos propietarios de canoas o lanchas con motor fuera de borda están realizando paseos ecológicos por los cuerpos de agua de la cuenca oriental que se conectan bien con el Río Magdalena.

Mis hijos y yo tomamos hace unos días una embarcación enfrente de la recién restaurada Intendencia Fluvial, y le solicitamos al conductor que tomara la ruta del Caño de las Compañías, para constatar cuál era el estado de esta vía tan importante en la época en que la ciudad era el principal puerto para el comercio exterior colombiano.

Con agradable sorpresa observamos que ese histórico caño está completamente recuperado, que sus aguas fluyen sin dificultad y que ya abandonó su condición de cloaca para recibir sólo basura y otros desechos sólidos y líquidos. La conexión que siempre unió a esta corriente de agua con el Río fue restablecida y mejorada con obras de dragado y de otro tipo sobre el Canal de La Tablaza y en el Caño de Los Tramposos.

Cabe recordar que lo que hoy llamamos Caño de Los Tramposos era el brazo por donde ingresaban las naves a vapor al Puerto Fluvial más importante de Barranquilla, que no estaba situado sobre el propio Río sino en la Intendencia Fluvial y en la ribera del Caño de Las Compañías.

Los viajeros y observadores de finales del siglo XIX llamaban a Los Tramposos Caño Abajo, para diferenciarlo del Caño Arriba (que servía para el ingreso de embarcaciones menores hasta el centro de la ciudad), localizado al oriente de la isla que corona el viejo mercado (en otro tiempo también llamada La Loma), la cual hoy sufre una degradación devastadora.

Sobre el Caño de Las Compañías se levantó la más importante zona portuaria de Barranquilla a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se le llamó así porque en sus alrededores las empresas navieras del país ubicaron sus bodegas, las zonas de cargue y descargue de mercancías y pasajeros y hasta los slips o varaderos para reparar, ensamblar o construir naves a vapor o de otro tipo.

Ya se logró que las aguas fluyan como en otros tiempos; se ha disminuido drásticamente la cantidad de desechos que lesionaban hasta hace muy poco la existencia de este caño; está dejando de ser un cementerio de naves viejas (que ayudaban a estancar las aguas), y las obras de restauración de la Intendencia Fluvial poco a poco empiezan a integrar esta parte de la ciudad a sus funciones culturales, administrativas y recreativas, mostrando el camino que es necesario proseguir de ahora en adelante para hacer más nuestra toda esa riqueza patrimonial ecológica.

El paseo con mis hijos abarcó las aguas del Caño de Las Compañías, las del Río Grande y las del Caño Abajo (Los Tramposos). Como historiador, recordé que esta fue la zona más dinámica de la ciudad a nivel portuario, pues en este núcleo del sistema de caños existieron las mejores condiciones fluviales para la entrada y salida de las naves a vapor que movieron el comercio exterior colombiano, lo que convirtió a Barranquilla en el principal puerto sobre el Río Magdalena.

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Con mucho agrado comprobé que las instituciones estatales lograron recuperar las corrientes de agua que rodean La Loma 2 (hoy llamada simplemente La Loma), isla sedimentaria rodeada por el Río, por los caños de La Tablaza, Los Tramposos y el de Las Compañías, y sobre la cual se empezó a construir la Avenida del Río y está en funcionamiento un Malecón Turístico ubicado en la propia ribera del Magdalena.

Queda mucho por hacer, sobre todo en la parte del sistema donde el esfuerzo institucional se aprecia menos porque es un sitio con dificultades sociales muy complejas y de difícil solución; me refiero a la zona de los caños de la Auyama, del Mercado y del Caño Arriba, donde también trabajan varias instituciones del Distrito en alianza con otros organismos públicos y privados.

Lo importante es que el liderazgo local (independientemente de su orientación política) no pierda el rumbo de continuar en la tarea de la recuperación del Centro Histórico que se forjó alrededor de los caños. Porque la época de florecimiento portuario de la urbe está asociada a la función económica de éstos, y porque de ellos partió el impulso definitivo para convertir a Barranquilla en una de las ciudades más destacadas de la nación.

Recuperar esos brazos del Río Magdalena es revalorizar y poner en alto parte de lo mejor de nuestra memoria histórica. Integrarlos a la vida citadina pasa por sacarlos del abandono, integrándolos a la existencia comunitaria a partir de asignarles nuevas funciones, como las recreativas, turísticas o educativas.

Acudiendo a la historia de los caños podemos planear sobre ellos el presente y el futuro de la ciudad. Ya es imposible que recuperen su rol primordial para el comercio exterior colombiano, pero sí es viable que se conviertan en un lugar ecológico e histórico al servicio de los barranquilleros y de los visitantes.

Protegerlos como patrimonio implica unirlos más y mejor a los ritmos de la vida de la urbe, volcando al Estado y a las empresas privadas sobre ellos en un proceso que estimule la concreción de proyectos de beneficio común que nos acerquen al Río y que permitan a todos disfrutar este regalo de la naturaleza.

Ya cometimos el error de abandonarlos a su suerte después de la muerte del Puerto Fluvial; ahora llegó el momento de congraciarnos con nuestra tradición portuaria y con la memoria histórica, convirtiendo este sistema de caños en parte fundamental del Centro Histórico y del desarrollo contemporáneo de la urbe.

Fuente: ZonaCero

Por: Milton Zambrano Perez

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