Fue a bailar y no la dejaron entrar a la discoteca porque le hace falta una pierna

En la puerta del establecimiento, se le acercó un guardia de seguridad y le dijo que no podía ingresar porque era una fiesta privada. Nada de eso era verdad.

Después de que un policía borracho la atropelló, una mañana de febrero de 2016, cuando caminaba con su novio por la rambla de Mar del Plata, Gimena Zelaya sufrió la amputación de su pierna derecha.

Y al despertar, luego de la operación, supo que una nueva vida había empezado.

«Hay que darle para adelante», se dijo. Y así lo hizo. Entonces, tenía 23 años y un espíritu que fortalecer.

Para rehabilitar sus músculos, primero comenzó a nadar. Después, se anotó gimnasia funcional. Ese fue el comienzo de un camino cargado de cariño de quienes la quieren, quizás el motor que la ayudó a superarse todos los días.

Hoy, con 26 años, Gimena tiene el pelo largo y negro, estudia fonoaudiología y los domingos se levanta temprano porque a la mañana trabajará en alguna feria de la provincia: también vende zapatillas junto a su familia.

Los fines de semana le gusta salir a bailar. Pero el último sábado, en el boliche La Morocha (Tucumán) no la dejaron pasar, informó el sitio El Tucumano.

En la puerta del local de la avenida Perón, se le acercó un patovica y le dijo que no podía ingresar porque era una fiesta privada y que necesitaba una invitación. «Le dije que mis amigas ya habían pasado y que no me mienta, que me diga por qué no me dejan pasar».

En la boletería, mientras algunos entraban y otros salían, este fue el diálogo con el guardia de seguridad que recuerda Gimena.

  • Dime por qué no me dejás pasar, le pidió.
  • No te puedo dejar pasar, respondió el portero.
  • ¿Pero por qué? volvió a preguntar la joven.
  • No puedo…por tu condición.
  • ¿Cómo? ¿Qué condición?
  • Son órdenes del encargado.
  • Y déjame hablar con el encargado.
  • No, no lo puedo molestar.

Unos minutos después Gimena dio la espalda, sacó su teléfono celular y mandó un mensaje público al perfil de Facebook del boliche: «Mucho que desear. Por ser amputada no me dejaron pasar».

Luego volvió a su casa en Villa Carmela junto a sus amigos. «Yo no me pongo ninguna limitación, no entiendo cómo estas personas me la tienen que poner».